Las vecinas

Claudia arrienda un apartamento sombrío. Al lado, en el mismo edificio, vive su vecina Rosa.  Cada vivienda tiene un balcón que les sirve  de ventana para prestarse auxilio.

A la  hora del almuerzo Claudia  entra en la cocina a poner una olla  con papas a cocer.  Y le dan ganas de ir al baño.  Una vez ahí, se da cuenta que se quedó sin papel.   Llama a su su vecina, pero ella no contesta; está en el primer piso insistiendo con el conserje por milésima.  Rosa, abre el libro de los reclamos:  las ramas del  árbol próximo a mi ventana han crecido frondosas, y casi tapan  toda mi vista.  Al levantar la mirada, mientras escribe  su queja, ve  a Claudia salir del ascensor.

-Voy al almacén  a comprar  papel higiénico. 

-Espérame , termino altiro y te acompaño.

En el camino comentan la actitud displicente del conserje

-Para mí que está en drogas, apunta Claudia

-De seguro. Oye, ¿qué tal si nos tomamos un traguito a la noche?

– Claro, de balcón a balcón.

Dan sólo unos pasos por la vereda cuando escuchan un disparo. Asustadas deciden volverse de inmediato, atraviesan deprisa el antejardín. En el foyer el conserje, al verlas, suelta la pistola humeante. Tiene los ojos brillante y mucho polvo blanco en la nariz ; a sus pies, el cadáver de un hombre.

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