La tía Sara

Ay josefina,

 si supieras 

la  mala noche

que  yo pasé… A la puerta de su casa el organillero tocaba esta canción.  Sara se asomó a la ventana, la música la sumergió en recuerdos.   Retornó al momento en que ellos,  los niños, se asombraban del organillo mágico, de los juguetes colgados, del loro  pícaro que extraía con el pico tarjetas de la suerte, guardadas dentro de un cajoncito. Todos  permanecían expectantes a que el organillero comenzara a dar vuelta a la manivela y sonara el foxtrot.   Las madres se asomaban a las puertas de sus casas, entonces ellos corrían a tirarle el delantal, pidiéndole  diez pesos para comprar un molinillo  de papel, una  bandera de países, o una pelota de aserrín. El loro alborotado por la música  agitaba las alas mientras silbaba la  melodía. Después el organillero soplaba pompas  tornasoles de jabón al aire,  los niños eufóricos  las  perseguían  por la calle, reventándolas entre las manos.  

La tía Sara enganchó su bastón en el pomo de la puerta, entró a su dormitorio,  desde el teléfono sobre el velador llamó a su sobrina, le contó lo feliz que se encontraba porque un organillero había venido al pasaje, tocado esa canción que cantaba su madre cuando hacía el aseo de la casa, yo corrí persiguiendo las pompas de jabón, le dijo. La sobrina nunca   había visto un organillero ; sabía que  el último organillo había sido vendido a un museo en Alemania, décadas atrás. Preocupada presumió que su tía necesitaba compañía para volver a sus cabales,  entonces  le ofreció visita. Decidió llevarle el gato angora que tenía, Mimo era afectivo, pero pasaba mucho tiempo solo, mientras ella atendía sus asuntos.

Al domingo siguiente, Sara con Mimo en brazos,  salió a la calle al escuchar la música del organillo, se acercó  muy curiosa, Mimo se alteró, ella lo sostuvo más fuerte porque el gato azuzado  por el baile del loro luchaba por  zafarse, al final se soltó de su agarre  saltando sobre el loro, lo tuvo aleteando en el suelo. Sara, angustiada veía como el organillero, despreocupado, continuaba dando vueltas a la manivela, entonces ella tomó a Mimo de las patas trasera y le azotó la cabeza contra el pavimento. 

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