FAUSTINA

Las mujeres comentan con desagrado que en los vestuarios de la piscina se desnuda con una total falta de pudor. Cómo va a darle eso pudor, si en verano, sobre la concurrida rampa que en el puerto baja hacia el agua cualquiera puede ver su cuerpo desnudo, gastado y seco calentándose al sol sin que le importen los chapuzones y risas infantiles a su alrededor. Ellos también están ya acostumbrados, y no detienen mucho tiempo su vista en su piel de lagarto. Dice que lo necesita, que le hace mucho bien. Lo dice con su voz de niña, con una voz que no engaña a quienes la conocen y saben de sus arrebatos de cólera porque nuestros perros con correa y collar se comen lo que ella echa para los gatos desde su balcón. «No te rías, no. Si no, ¿los gatos qué van a comer?» Quienes la conocen desde antes, saben cuánto ha trabajado en su vida, y así la vida ha trabajado su cuerpo.

En las noches tibias de viento sur, en otoño, sobre el rumor de las hojas secas se le oye cantar en los columpios del barrio. Faustina apunta a la luna grande con sus pies de niña vieja y el viento la acaricia mientras ella canta fuerte una canción alegre.

4 comentarios sobre “FAUSTINA

  1. Hermoso retrato de una mujer “antisistema” que con su piel de lagarto y esa soledad de persona gastada por el trabajo y la edad defiende sus placeres con tesón de niña rebelde. Lo cuentas muy bonito.

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