Basta, se dijo y se desenganchó del berrinche que Alfredo había armado. No más explicaciones, ahora tenía que irse a trabajar, él podía seguir desvariando a su antojo.  Salió dando un portazo, hastiada de sus tonterías.  Caminó hacia a la parada de bus muy ofuscada.   Relájate,  tienes más de ocho horas antes de  volver a verle la cara.  

Tomó el bus cinco minutos más tarde que de  acostumbre,  iba repleto, viajó de pie hasta a la estación del metro, y entró casi corriendo para alcanzar su tren habitual.

 Antes de subir a su trabajo fue a la cafetería en el primer piso a comprar un café con leche, con el jaleo  de la mañana había olvidado desayunar. La jefa de Finanzas, estaba comprando el donut que se comería  a las 10 de la mañana con un té  de  manzanilla.  Volvía a la rutina de la oficina, a salvo de la maquinación  enfermiza de su marido.   Más tarde,  como ya era una costumbre almorzó con  Pepe, con quien reía de los  me dijo, le dije, de los colegas, rara vez conversaban de sus vidas privadas, ella sabía que él aún vivía con sus padres, él sabía que era casada y por lo alegre, la suponía feliz. 

  A las cinco de la tarde terminó la jornada laboral.  Hizo el viaje de regreso a su casa deseando que el humor de su marido hubiera cambiado.  Esperaba el fin de la pelea,  sumergirse en aguas quietas,  volver a la normalidad,  aunque fuera por corto tiempo, pero en su fuero interno algo la atemorizaba, Alfredo era controlante, y en ese momento  la  asió la sospecha,  qué si Alfredo  había ido a rondar sus pasos, ¿ qué pasaría  si   la había visto en compañía de Pepe?,  la ansiedad le apretó el pecho.  

Sopesó su situación, los pensamientos se sucedían  e hizo varias conjeturas sobre el estado emocional de su esposo.  Buscaba dejarla, pero se acobardaba a hacerlo,¿ esto lo enojaba? ¿Estaba enfermo, necesitaba un psiquiatra, o simplemente había cambiado?.  Es increíble que esté celoso de  un pendejo veinte años menor. No voy a permitir que  me espié, es insano.  

A un metro de su casa  divisó algo en el buzón de cartas, se dio cuenta  de que era una rosa,  agradablemente sorprendida  volvió a sentirse apreciada, aliviada.  Abrió la puerta de su casa,  sería  la última vez. 

2 comentarios en “Rutina

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