Expulsada, desde la caverna de sangre, 

efluvio gelatinoso a la pureza de la luz, 

el  ciclo de mi tiempo ha comenzado.  

La textura del mundo sofoca el ruido de las tripas. 

La ternura suaviza el miedo a lo desconocido. 

Nacida desde la profundidad matriarcal

a la melodía del triunfo en la creta de la ola.

Avanzo poco a poco en la esperanza fatua:

Romper mi ciclo con un brote nuevo.

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