Cementerio de la moda

 

 

Una mujer vivía  solitaria en Rancagua.  Su vida era cómoda,  gracias al  buen sueldo de su marido que trabajaba en la mina de cobre. Sin embargo, la soledad y la rutina: limpiar la casa o preparar  comida, la condujo a dos situaciones extremas.  

Su primer exceso  fue la comida; se volvió glotona.    Comía suculentos platos de pasta y  gran cantidad de  chocolates y pasteles.  El segundo fue comprar ropa y prendas de vestir. No dejó tienda ni centro comercial sin visitar. Incluso viajaba a otras ciudades en busca de novedades.  Su mayor ajetreo se producía durante las liquidaciones  de cambio de temporada.  Pero, en su fuero interno, las compras no solo satisfacían su adicción al consumo. Las vendedoras o dueñas de las tiendas la hacían sentir importante, los elogios a su buen gusto la llenaban de orgullo y, como ella pretendía estar comprando para una hija esbelta, era admirada por ser una madre preocupada.

 Sintiéndose bien, regresaba a su hogar, decidida a caber en los vestidos, pantalones o blusas. Su sueño era poder revertir  la imagen que veía cada mañana al desnudarse en el baño. Un expandido vientre  ya le escondía la punta de sus pies.   

Sonia fue acumulando  fardos de ropa en una pieza de su casa.  Soñaba lucirla  cuando adelgazara.  Desgraciadamente,  nunca logró perder peso y un día murió  por un infarto. 

El marido, quien la había ignorado en todo momento, excepto cuando estaba en la cama, retiró  de la casa casi una tonelada de ropa.  Sin saber qué hacer con tantas prendas las vendió a unos exportadores  de ropa usada. 

Cuando el cargamento llegó a África, continente donde usualmente van a parar los desechos del consumismo americano, asiático y europeo, los mercaderes, al darse cuenta de que era ropa sin uso  se   alborotaron, peleándose por abrir los fardos y agarrar la mayor cantidad posible.  Al poco rato comprobaron que era demasiado pequeña para la estatura de las mujeres africanas. Al final, las faldas, pantalones, blusas y chaquetas de Sonia fueron  diseminadas, por inservibles,  sobre montañas de desechos en la playa. 

 El mar  fue el último comprador, llevándose casi una tonelada de poliéster al fondo marino de la costa de Kenia. 

 

2 opiniones en “Cementerio de la moda”

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: