El Sonajero

Muchos años más tarde, en la comisaría del Gobierno Civil, había de recordar esta escena:

Un sonajero en primer plano, golpeado por los bruscos manotazos de un niño, mi hermano pequeño. Su cara excitada, leves resoplidos, las piernecitas pateando el aire.

Un lazo, un lazo azul con motitas blancas, un lazo enorme que una mujer, mi madre, me anuda al cuello. Yo con cinco años, casi perdido dentro de mi guardapolvos blanco, mirando fijamente el sonajero y las manos de mi hermano. La mamá termina el lazo y me peina, con jopo, me echa colonia y me da consejos. Yo sigo mirando en silencio el sonajero, luego paseo la vista por el comedor, donde quedan mis otros dos hermanos, que aún no van al colegio, y la radio que comienza el programa de la tarde, y un sol tibio que amarillea la estancia al atravesar la cristalera opaca. Pienso: en el colegio me acordaré de esto y lloraré.

Un pañuelo, mis manos pequeñas, los puños blancos del guardapolvos, un pupitre. «Señorita, Luisito está llorando de nuevo».

Oí los pasos que se acercaban y se detenían frente a la puerta de mi celda. Oí el sonido del cerrojo. Pensé: otra vez no. Pero el policía dijo: «Sus padres le han traído estos bocadillos». Mientras cogía el paquete, me eché a llorar como un niño.

Tonasa oñotal

Nino camina andantino. No debe llegar atrasado, pero tampoco quiere apurar el tranco. No quiere llegar con esas gotitas de transpiración que lo hacen parecer como el personaje culpable en una película gringa sobre romanos imperiales con flequillo en la frente. El ejemplo ese de Mitologías lo traumó alguna vez. Pero ve la hora y cambia a allegro. Todo por hacerle caso a la Filolela, que ofició de celestina. “Oye asopao, si te va a gustar; está igual que tú, solita. Y no vengái con que no le hai echado el ojo, te tengo cachaíto y vos lo sabís”.

Se pactó en que la idea de juntarse era para organizar el amigo secreto. Parece, no supe bien eso yo. Acordaron: un café equidistante de los respectivos domicilios e ir sin auto. Es una reunión de comité organizador, les pareció justo. Y helo aquí, caminando casi al trote.

Pidió un café y Ella un jugo de naranjas. Es que me gustan las naranjas, justificó. Cosa que la mar no tiene, respondió. Meter la mano en el agua las esperanzas mantiene, replicó.

Por todas las pantallas andan diciendo que hay diez temas que no debieran abordarse en una primera cita: las anteriores parejas, la pega, la política, cosas así. (Ustedes saben, son como consejos. Tips, como decía Gollum, el apodo de Flauers, el Mentecato). Eso lo digo yo, pero sepan que Nino no es de pantallas y sabe que a estas alturas todo es ex. Que sus pegas de profes están contra la hidra. Que no calza con esta dictadura.

Abordaron todos los temas los tortolitos, no tienen remedio. Están a este lado del poder y, ahora, a este lado de la calle. La fue a dejar, tan caballero él.

Irla a dejar rompe la regla de la equidistancia, Nino agüeonao.

Están caminando adagio, a veces se dan unos topecitos casuales en los hombros.

Ella está hablando de sus padres y de su familia. No te pongái a sicoanalizar puh, Nino.

No. Se interesó de verdad por saber cómo describe a sus padres. Buena, Nino. Te toca.

Ella habló de Retrato de una dama. Sobre todo, le descripción que hizo Ella de Isabel.

Nino, tranquilo. No interpretes.

Le preguntó Ella por ese trozo de papel de diario que sobresalía penosamente del bolsillo superior izquierdo de la chaqueta de bluyín, miren cómo es.

Ahí anoté tu teléfono y tu dirección, le dijiste, con algo de planchita, reconócelo.

Apura el paso Ella. No usa celular, piensa, o creo que piensa.

Nino le teme al momento de la despedida. Ese “nos vemos” final. Esa cagá de beso al aire con cheek to cheek, que se usa en las despedidas y en los saludos. Lo sé, conozco a mi compadre. Esa mentirosa promesa, conjugada en presente. Mezcla de “nos veremos” con “viéramos”. Y el posterior desenlace: una vaga amistad telecomunicativa en un tiempo cada vez más delgado. La memoria se pierde y a veces es bueno perderla. La memoria o la vida, te dice el Presente.

Se apura, porque Ella se apura. Se dio cuenta de mi sosera sentimental, se dice.

La llave de la reja.

Abrir entrar cerrar.

Puerta de entrada al domicilio.

Llave de la primera chapa.

Llave de la segunda chapa.

Quédate, supongo que le habrá dicho.

A %d blogueros les gusta esto: